DOCUMENTO FINAL / ~3 MIN DE LECTURA / PÁGINAS DEL ORIGINAL 1673–1675

Huella y materialidad

Documentos finales


Este libro tomó forma a lo largo de más de mil intercambios con una inteligencia artificial, a menudo a partir de conversaciones orales de unos diez minutos. A ello se sumaron la lectura y la relectura de un considerable corpus documental, la elaboración y las sucesivas revisiones de unas 1 400 páginas para la edición impresa, su traducción al inglés y la preparación de versiones en otras lenguas.

Un trabajo así exige recursos. Sería engañoso, sin embargo, pretender calcular con precisión su huella de carbono. Los datos públicos disponibles no bastan para determinar la electricidad que consumieron en este trabajo las distintas versiones de ChatGPT, principalmente GPT-5.5 Pro y, después, GPT-5.6 Sol Pro. Tampoco permiten deducir directamente las emisiones asociadas sin saber qué infraestructuras se utilizaron y qué fuentes de energía las abastecieron realmente.

Con las estimaciones disponibles solo cabe hacerse una idea del orden de magnitud. Varían mucho según la longitud de las consultas, la extensión del contexto procesado, el volumen de texto generado y la intensidad del razonamiento solicitado. Si las aplicamos con prudencia a las conversaciones, las búsquedas documentales, las revisiones y las traducciones necesarias para esta obra, resulta verosímil situar el consumo eléctrico atribuible directamente al trabajo de la inteligencia artificial entre unos pocos kilovatios hora y unas decenas de kilovatios hora. Ese intervalo indica una escala, no constituye una medición.

La inteligencia artificial se sustenta, además, en centros de datos, procesadores, redes, sistemas de refrigeración e infraestructuras físicas cuya huella va mucho más allá de la electricidad atribuible a un uso concreto. La fabricación y renovación de equipos, las infraestructuras eléctricas, las redes y el consumo de agua forman parte de un balance ambiental mucho más amplio que sería artificioso cargar por entero a un solo libro.

La misma honestidad se impone al hablar de la edición impresa. Un libro de estas dimensiones tiene necesariamente una realidad material. Cerca de 1 400 páginas no se leen solo como un flujo de texto en la pantalla. Exigen tiempo, volver atrás, establecer conexiones, tomar notas, marcar páginas para encontrarlas de nuevo y cotejarlas con otras. Para ciertos lectores, una obra concebida tanto para una lectura seguida como fragmentaria, para recorrerla, retomarla y hacerle preguntas, necesita un soporte físico.

Así pues, la edición impresa es compatible con la difusión digital de la obra. Cada formato responde a usos distintos y complementarios.

El medio digital permite que el texto circule de inmediato, libremente y por todo el mundo. Facilita la búsqueda, la copia, la traducción y la transmisión. El libro impreso ofrece algo distinto: una permanencia material, una geografía de las páginas, la posibilidad de anotar, de volver físicamente a un pensamiento y cultivar con él una relación duradera.

De ahí que no hayamos querido presentar esta obra como un objeto sin huella. Para transmitirse, el pensamiento necesita soportes, infraestructuras y materia.

Hemos tratado de elegir los soportes según el uso que los hace necesarios: dar al libro una amplia difusión digital cuando ese medio es el más adecuado e imprimirlo cuando el papel ofrece una calidad de lectura, relectura, anotación y comprensión que la pantalla no siempre puede igualar.

Porque el fin último no es desmaterializar el pensamiento a toda costa.

Es darle las condiciones que necesita para seguir su camino.

Pensamiento y diálogo humanos: Thierry | Redacción: 100 % IA

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